A veces sentía como la tranquilidad estaba a pesar de la incertidumbre. Como la paz llegaba al cerrar los ojos. Nos mudamos muchas veces porque la realidad detrás del matrimonio de mis padres era que no había casa propia. Dos muchachitos jugando a ser adultos, la madurez que inevitablemente llega y te sorprende con tres hijos. Una joven sin una preparación universitaria con sus muchachos y de pronto con un divorcio en puertas. Mi padre, una extraña y surrealista mezcla entre lo conservador y lo aventurero se fue un día y hasta ese momento la normalidad de una casa con patio y un perro dálmata, cuartos, carro y transporte para la escuela. Luego me sentí como una gitana. Sin sus beneficios como miembro del Destacamento militar, La nada, aparentemente.
Y todo, la verdad. Porque crecí con mucho amor, buenos maestros y muchas oportunidades, aunque muy dentro de mi había incertidumbre y miedo. A mi padre lo vi varias veces después. Un buen día entendí que nada podría reclamarle. Mis reclamos iban a oidos sordos. Vivía en su mundo amurallado. La forma de comunicarme con él era a través de su música. Cantaba bien, como si cantando aliviara sus penas tal como lo dijese Edith Piaf alguna vez.
Quería decirle tantas cosas, me hacía falta tanto... pero ese nunca fue el tema de discusión. Las veces que lo vi, escuché sus canciones y aprendí de sus amores y desamores. Entendí que fue un niño triste y que su muralla lo separaba de su doloroso pasado, más doloroso que el mío, demasiado hasta para contarlo aqui. Asi que deje de sentir pena por mi misma, y comprendí que él me había dado la vida y que su misión fue esa y que en alguna parte yo debí haberlo escogido así.
Aún siendo las cosas como fueron, soñaba con que algún día esos espacios en blanco se llenarían. Que aunque fuese sólo por un instante él se acordaría que cumplíamos años la misma fecha, que ambos cantábamos y que éramos sensibles a los problemas sociales. Que a ámbos nos gustaba la buena comida y la belleza de la vida.
Estando lejos, en una oportunidad que la vida me dio y que yo acepté, me enteré que mi padre pasó de plano. Fue extraño porque lo supe inconscientemente, ese día estuve triste sin saber por qué hasta que mi mamá se atrevió a decirmelo aunque ya lo habian enterrado. Con su muerte física, se me revolvieron los recuerdos.
Y estando allá, en un país diferente, con la naturaleza y la belleza alrededor, entendí que esa búsqueda inconciente de un afecto protector que me faltó, desordenó mi vida y que había decisiones importantes que tomar en el presente para llegar al anhelado futuro. Al bonito futuro lleno de Amor y Paz que tanto he querido.
Siento ese llamado interno. Se que existe, como el que escuchaba de niña, "Todo pasará, lo que vives es un aprendizaje, pero ya pasará"
No pensé que tuviera miedo. Y aqui estoy, enfrentando un miedo muy viejo en mi, desnudo, data de cuando tenía 5 años, y la incertidumbre llegó. Cómo enfrentarlo. Cómo vencerlo. Debo dar unos pasos que me enfrentarán directamente con esos recuerdos, y tengo miedo de ese miedo. Tengo 35 años. Y escribo a 30 años de distancia de las vivencias que inicié en este mi blog personal.
martes 23 de junio de 2009
viernes 21 de noviembre de 2008
Luces en el patio atrás

Podría parecer un capitulo de la serie animada infantil los backyardigans, porque muchos episodios que recuerdo transcurrieron en el patio de atrás. Pero todo lo que he vivido tiene sus testigos. Y me he animado a escribirlo porque esa soy yo, con mi faceta misteriosa.
Estábamos mi madre, mi hermano, mi hermanita y yo como muchas noches intercambiando historias, sentados en unas sillas de hilos o franjas de plástico, de ésas que por cierto no he visto más por ahi. Sillas como redondeadas, de base de hierro y con el plástico tipo tejido.
Aún recuerdo esa sensación tan deliciosa. La brisa fría que refrescaba luego de un día de sol, la noche con todas sus estrellas allí cerquitica, porque sin tanta contaminación se podían ver claritas. Mi madre nos señalaba siempre "los tres reyes magos" en realidad la constelación de Orión, y a mi en lo particular me encantaba verla.
En medio de este ambiente tan relajado, mi madre escondía muchos temores. Mi padre iba muy poco. Y ya habían tratado de entrar a la casa varias veces(afortunadamente contamos con custodia tras el primer intento). Además mi tía (valga la paradoja, hermana de mi papá venía a menudo, ella siempre estuvo pendiente de nosotros).
Estar en el patio de atrás, de algún modo en contacto con los vecinos, parecía una forma de relajación para todos. Además se escuchaban los grillos, se veían las luciérnagas y le hacíamos seguimiento a una familia de tuqueques (lagartos del trópico, en el Zulia los llaman los limpia casas pues se comen cucarachas, moscas, entre otros insectos)

De pronto apareció aquel grupo de luces, o aquel aparato rodeado de luces. Pudo haber sido un satélite, quien sabe. Mi mamá para calmarnos dijo ah es un avión. Pero mi hermano que para ese entonces tendría casi 10 años y además siempre ha sido muy inteligente dijo: No mami se acaba de quedar suspendido en el aire, ningún avión puede hacer eso.
Allí si que nos pusimos nerviosos, además mi madre un poco dramática, mencionó la palabra rayo, disparo que se yo, y me aterré. Ese objeto volador no identificado al menos por nosotros estuvo allí pienso que en una especie de diálogo silencioso hasta que dio muchos giros rapidísimos y se fue, asi no más.
La sensación luego de esa giratoria y veloz partida aún la recuerdo. Una conexión con un universo que es infinito y sobre el que creemos saberlo todo, y de pronto sabemos nada.Hubo un silencio, capaz duró 15 segundos, pero tengo la idea de que estuvimos en silencio los cuatro por más tiempo. Algo pasó, algo cambió. Al menos para mi. ¿Qué era este mundo en el que tenemos que movernos y del que sabemos tan poco?, ¿Era un satélite? Y si no, ¿ quiénes eran?
Sólo tenía 5 años. Además de encontrar caracolas, había visto este extraño aparato. Luego vendrían las rocas con jeroglificos entre otros acontecimientos que me harían ser una niña con más preguntas que respuestas.
sábado 15 de noviembre de 2008
¿Caracolas en el patio de atrás?

Durante mis primeros 5 años de vida cuando aún mis padres estaban casados solía jugar como pensé lo hacía cada niño en el patio de atrás. Recuerdo que veía el espacio muy grande e imaginaba que era la protagonista de decenas de aventuras. Cierta vez vine de visitar a prima a quien habían regalado un columpio. Soné muchas veces que tenía uno. No lo tuve en ese entonces. Bueno no como el de los parques, quizás uno más rústico. Un mecate y un viejo caucho creo, sirvieron para mecerme un buen rato. Se rodaba y había que acomodarlo, pero sirvió como decimos por estos lares para disipar el antojo.
Como lo he mencionado aqui en varias oportunidades conectarse con el silencio paraguanero(de Paraguaná, Península en la que nací) es una forma de meditar. Escuchas el viento y un buen día sientes que ese silencio tiene melodía. Lo más es extraño es que siendo muy pequeña sentí que esas melodías eran muy antiguas. Mientras jugaba junto a mi cachorro dálmata Rocky imaginaba que el patio de atrás alguna vez estuvo cubierto por las aguas.
La idea no era del todo descabellada. Paraguaná es una peninsula, rodeada por agua del mar caribe. Pudo haber sido una isla, eso dicen algunos expertos. Pero a los 5 años, esas cosas tan complicadas no estaban en mi cabeza. Sólo escuchaba al viento, que contaba historias de agua y desiertos.
Un día decidí que excavaría porque estaba segura que encontraría tesoros ocultos. No encontré mucho la verdad. Aunque soñaba con que lo haría. Como cualquier niña a veces me distraía de mi objetivo. Hasta que encontré aquella caracola. Fue la primera de una larga lista.
El viento podría tener razón. Lo que hasta ahora había conocido años atrás había estado bajo el mar. La gente estaba demasiado ocupada para notarlo. Las personas en derredor no caían en cuenta que cada vez que levantaban una construcción, hacían carreteras, habían caracolas por doquier. Estaban tan acostumbrados a ver el sol dorado, el mar azul y las nubes blancas que no notaban el misterio que existe detrás de las cosas que parecen cotid
ianas.Así transcurrió el tiempo hasta que otros objetivos perseguí en las distintas etapas de mi vida.
Volví a recordar a la niña de 5 años en el patrio de atrás cuando tenía 23. Un médico de origen falconiano que solía hacer excusiones en el Cerro Santa Ana ( es la única elevación en toda Paraguaná con 83o metros de altura y además queda en su centro) me contó que en el Cerro de Santa Ana, en las zonas más intrincadas se podían encontrar cosas interesantes. Y dije en tono de broma: "si estuvo bajo el mar en algún momento de la historia como creo, seguro hay cientos de caracolas"
A lo que respondió: Exacto. Hay caracolas. Cuando se tienen 5 años, soñar que se es adulto es muy normal. Pero tener 23 y soñar que se tienen 5 para comprender el origen de muchos razonamientos, no sé si pasa a menudo.
A los 23 años entendí que hay que escuchar más al viento o ser tan maduro como cuando se tiene 5.
domingo 21 de septiembre de 2008
La Roca, el roedor, los troncos petrificados
En este blog más personal, me permití comenzar desde el principio, partir de quien soy. Hablé de mi niñez en un campo petrolero, expliqué el origen de las fotogénicas y me atreví a orar en voz alta por una de sus integrantes.
Hoy decidí hablar otra vez de mi niñez y de un episodio que marcó mi vida. Mi primera exploración cuasi arqueológica por los áridas tierras falconianas.
Sólo tenía 11 años quizás un poco menos un poco más, no lo recuerdo. Hicimos un paseo con una de nuestras vecinas de entonces, a los pueblitos de Paraguaná. Fuimos a un Hato a las faldas del cerro Santa Ana, el de mayor altura en la zona. Oí que el estudioso Christian Cazabonne llegó a creer que el Cerro Santa Ana había sido un volcán. A juzgar por los trozos antiguos de árboles quemados a sus alrededores y que me tocó ver asombrada junto a decenas de fósiles, era una teoría digna de analizar.
Caminar por las áridas , secas, solitarias tierras es casi una meditación. Sientes que una tierra tan antigua, tiene tesoros aún no descubiertos. Ante mi , estaba ese trozo de roca. Demasiado liso, como tallado. Y en él, esas extrañas inscripciones. Aparentes rayones naturales que se convertían en abecedario por la imaginación de una chiquilla o eran letras convertidas en rayones por la razón de una niñita. Quien lo sabe. La guardé claro.
Otra cosa que me llenaba de curiosidad eran las caracolas. Te las encontrabas por todos lados. En el patio de la casa, en las tierras más áridas. Dicen que en el Cerro Santa Ana también hay.
Ya era comunicadora y vivía lejos de mi tierra cuando me enteré de aquella historia del roedor gigante. Descubierto en una región actualmente árida, en el pueblo de Urumaco, el fósil y las pruebas vegetales conexas sugieren que vivió en una época en que esa este pueblo era un paraje tropical con vegetación exuberante, y con gran abundancia de enormes tortugas y cocodrilos.
El descubrimiento refuerza la teoría de que existió un caudaloso río llamado Paleo-Orinoco-Amazonas, que transcurría paralelo a la cordillera de los Andes, pasando por Urumaco -donde ahora se encontraron los restos fosilizados del roedor gigante- y desembocaba en el Caribe. «En el Norte de Venezuela se encuentra la clave de muchos de los misterios paleontológicos y de la evolución animal», explicó en ese momento (2003) el profesor Marcelo R. Sánchez-Villagra, de la Universidad alemana de Tübingen .
Luego de muchos años, entendí que las preguntas, las ideas que te llegan cuando eres niña, no son sólo imaginación. Con el tiempo vienen las respuestas y tal como lo dijo el señor Sánchez -Villagra en el norte de Venezuela hay muchas claves aún por descubrir.
Hoy decidí hablar otra vez de mi niñez y de un episodio que marcó mi vida. Mi primera exploración cuasi arqueológica por los áridas tierras falconianas.
Sólo tenía 11 años quizás un poco menos un poco más, no lo recuerdo. Hicimos un paseo con una de nuestras vecinas de entonces, a los pueblitos de Paraguaná. Fuimos a un Hato a las faldas del cerro Santa Ana, el de mayor altura en la zona. Oí que el estudioso Christian Cazabonne llegó a creer que el Cerro Santa Ana había sido un volcán. A juzgar por los trozos antiguos de árboles quemados a sus alrededores y que me tocó ver asombrada junto a decenas de fósiles, era una teoría digna de analizar.
Caminar por las áridas , secas, solitarias tierras es casi una meditación. Sientes que una tierra tan antigua, tiene tesoros aún no descubiertos. Ante mi , estaba ese trozo de roca. Demasiado liso, como tallado. Y en él, esas extrañas inscripciones. Aparentes rayones naturales que se convertían en abecedario por la imaginación de una chiquilla o eran letras convertidas en rayones por la razón de una niñita. Quien lo sabe. La guardé claro.
Otra cosa que me llenaba de curiosidad eran las caracolas. Te las encontrabas por todos lados. En el patio de la casa, en las tierras más áridas. Dicen que en el Cerro Santa Ana también hay.
Ya era comunicadora y vivía lejos de mi tierra cuando me enteré de aquella historia del roedor gigante. Descubierto en una región actualmente árida, en el pueblo de Urumaco, el fósil y las pruebas vegetales conexas sugieren que vivió en una época en que esa este pueblo era un paraje tropical con vegetación exuberante, y con gran abundancia de enormes tortugas y cocodrilos.
El descubrimiento refuerza la teoría de que existió un caudaloso río llamado Paleo-Orinoco-Amazonas, que transcurría paralelo a la cordillera de los Andes, pasando por Urumaco -donde ahora se encontraron los restos fosilizados del roedor gigante- y desembocaba en el Caribe. «En el Norte de Venezuela se encuentra la clave de muchos de los misterios paleontológicos y de la evolución animal», explicó en ese momento (2003) el profesor Marcelo R. Sánchez-Villagra, de la Universidad alemana de Tübingen .
Luego de muchos años, entendí que las preguntas, las ideas que te llegan cuando eres niña, no son sólo imaginación. Con el tiempo vienen las respuestas y tal como lo dijo el señor Sánchez -Villagra en el norte de Venezuela hay muchas claves aún por descubrir.
jueves 28 de agosto de 2008
Las Chicas Fotogénicas: El Milagro
Esa miopía afectó en algo mis juegos, mi desenvolvimiento en la escuela. Pero sobretodo era una característica de mi alter ego como chica fotogénica, personaje creado desde la inocencia por mi hermana Ali, mi prima Karelys y yo cuando teníamos 8 años o menos aproximadamente.
Mucho antes que las superpoderosas nacieran , existían las chicas fotogénicas. También tres, también poderosas sólo que no soltaban una cámara para poder captar momentos únicos y resolver misterios. El escenario: Un campo petrolero especificamente la casa de los abuelos en la región más norte de Venezuela, por no decir de América del Sur.
La mayor proeza de las fotogénicas era vivir la infancia lo mejor que se pudiera mi hermana y yo en medio de las mudanzas, mi prima con mucho que superar en familia, plus la bonanza petrolera y luego un viernes negro en Venezuela. Las fotogénicas nacieron en los 80 y ya he escrito de ellas en mi blog paralelo. En este mi casi diario, no podía dejar de nombrarlas y mencionar cuántas alegrías nos dan. Porque ahora es que hay fotogénicas para rato y ese es el milagro que nos han concedido hoy.
No todos los alter ego o personajes de fantasía suelen acompañarte hasta que te haces una mujer madura y te descubres en la rutina de la oficina y de la casa. Cuando me compré mi primera cámara lo supe.
Ustedes no saben porque subtitulado este posteo como un milagro y no lo sabrán hasta muchos años después, digamos que es un acto de Fe, un homenaje a Kare, la más ingeniosa y audaz de las tres muy seguida de cerca por Ali, mi hermana.
Como les comenté en la primera traza de esta historia, fui miope desde casi siempre, y como fotogénica era un obstáculo a superar. Kare inventaba las estrategias, siempre tan creativa. De cabellos oscuros y lacios, ojos vivaces, delgada y ágil a mi juicio una falconiana hermosa como pocas. No sé qué pasó en la adolescencia pero las fotogénicas nos separamos. Me fui a los 16 a Estados Unidos. Luego Ali a Maracaibo, en el Estado Zulia y Kare, Oh mi Kare quedó nostálgica en aquel campo petrolero diseñando su futuro, con mucha esperanza y con sueños como todo joven de los 90.
Comprendí hasta hace poco que uno de los retos de este siglo XXI para las fotogénicas es recordarle a Kare quien es. Porque ella vive lúcida, conectada con la Vida, inquieta, vivaz, inventora en esos flash backs, en los recuerdos de la infancia.
“En que capitulo de la historia cambió tu rumbo chica fotogénica
Hay prados y jardines hermosos para ti
Una vida que aguarda, sueños que cumplir
Corres sin parar, siempre ágil, siempre audaz, inteligente, capaz de construir
Estás a salvo. Siempre lo has estado. Nuestro tronco es hermoso, con raíces y espíritus fuertes y almas nobles.
Solo atrévete a despertar, a mirar alrededor
Los sueños hermosos se cumplen fotogénica
Ten Fe, Vuelve, el milagro de la Vida ha sido concedido Hoy
Mucho antes que las superpoderosas nacieran , existían las chicas fotogénicas. También tres, también poderosas sólo que no soltaban una cámara para poder captar momentos únicos y resolver misterios. El escenario: Un campo petrolero especificamente la casa de los abuelos en la región más norte de Venezuela, por no decir de América del Sur.
La mayor proeza de las fotogénicas era vivir la infancia lo mejor que se pudiera mi hermana y yo en medio de las mudanzas, mi prima con mucho que superar en familia, plus la bonanza petrolera y luego un viernes negro en Venezuela. Las fotogénicas nacieron en los 80 y ya he escrito de ellas en mi blog paralelo. En este mi casi diario, no podía dejar de nombrarlas y mencionar cuántas alegrías nos dan. Porque ahora es que hay fotogénicas para rato y ese es el milagro que nos han concedido hoy.
No todos los alter ego o personajes de fantasía suelen acompañarte hasta que te haces una mujer madura y te descubres en la rutina de la oficina y de la casa. Cuando me compré mi primera cámara lo supe.
Ustedes no saben porque subtitulado este posteo como un milagro y no lo sabrán hasta muchos años después, digamos que es un acto de Fe, un homenaje a Kare, la más ingeniosa y audaz de las tres muy seguida de cerca por Ali, mi hermana.
Como les comenté en la primera traza de esta historia, fui miope desde casi siempre, y como fotogénica era un obstáculo a superar. Kare inventaba las estrategias, siempre tan creativa. De cabellos oscuros y lacios, ojos vivaces, delgada y ágil a mi juicio una falconiana hermosa como pocas. No sé qué pasó en la adolescencia pero las fotogénicas nos separamos. Me fui a los 16 a Estados Unidos. Luego Ali a Maracaibo, en el Estado Zulia y Kare, Oh mi Kare quedó nostálgica en aquel campo petrolero diseñando su futuro, con mucha esperanza y con sueños como todo joven de los 90.
Comprendí hasta hace poco que uno de los retos de este siglo XXI para las fotogénicas es recordarle a Kare quien es. Porque ella vive lúcida, conectada con la Vida, inquieta, vivaz, inventora en esos flash backs, en los recuerdos de la infancia.
“En que capitulo de la historia cambió tu rumbo chica fotogénica
Hay prados y jardines hermosos para ti
Una vida que aguarda, sueños que cumplir
Corres sin parar, siempre ágil, siempre audaz, inteligente, capaz de construir
Estás a salvo. Siempre lo has estado. Nuestro tronco es hermoso, con raíces y espíritus fuertes y almas nobles.
Solo atrévete a despertar, a mirar alrededor
Los sueños hermosos se cumplen fotogénica
Ten Fe, Vuelve, el milagro de la Vida ha sido concedido Hoy
viernes 22 de agosto de 2008
Desde el principio
Vengo de una zona cálida, donde los vientos te despeinan. De hecho a mi que como fémina me encanta tener el cabello en orden sé que en mi tierra es casi imposible. Tengo el cabello tipo africano en realidad, ensortijado en las puntas, pero en la peluquería de vez en cuando me lo dejan liso, hacer esto en Paraguaná es una proeza porque los Alisios en realidad son capaces de empujarte, así de fuertes son.
Nací en una clínica de un campo petrolero. Fui la única esa tarde, así que cuando comencé de niña con mis extrañas preguntas, no hubo forma de que mi madre pensara que le habían cambiado el bebé en el hospital como suele decir cuando bromea.
El divorcio de mis padres cuando tenía 5 años, cambió mi mundo y mi forma de ver las cosas. Entendí así de rápido que las personas dicen amarse una mañana y que esos sentimientos cambian. Comprendí que formar una familia es más serio de lo que uno puede imaginar.
Esos primeros años fueron "interesantes" por llamarlos de alguna manera. Una casa grande, un papá que apenas recuerdo, mis hermanos, el cuarto de juegos, el jardín de infancia en el que por cierto me quedaba dormida con frecuencia.
Luego del divorcio, vinieron los cambios, muchos lugares hasta que nos estabilizamos cuando tuve 15 años. Así que viví 10 años pregúntandome cuando tendría mi propio cuarto o cuando me independizaría para buscar mi propio camino.
Conseguí amigos que conservo hasta la fecha, estudié en un colegio maravilloso y aprendí a vencer en parte mi timidez y mi casi autismo en un campo petrolero diseñado para no ver que afuera un mundo diferente existía.
Recuerdo un día cuando vivíamos en uno de los lugares que me tocó habitar con mi mamá y mis dos hermanos. Tocaron a la puerta. Era un conocido enviado por mi padre con unos regalos para nosotros. Ese día volví a recordar que tenía un papá viviendo en alguna parte. Uno de esos presentes lo recuerdo muy bien una villa fisher price como el campo petrolero en los que viví los primeros 15 años de mi vida. Todo a la vuelta de la esquina el hospital, el centro de recreación, la gasolinera, el cuerpo de bomberos y todo lo que una comunidad pudiera necesitar. Si no fuese por mis mudanzas y la angustia subrepticia de mi madre, diría que en un 100% pensaba que mi mundo era perfecto. No sabía lo que era una calle desordenada por la basura o gente pididiendo en las calles.
Un día los sacerdotes y monjas nos llevaron a un paseo por los pueblos de la zona. Sin muchas carreteras entre las casas que de por sí eran muy humildes. Poca agua, pocos enseres. Tuve muchos interrogantes en ese momento sobre mi propia realidad de casa en casa y la de estas personas alejadas del crecimiento industrial.
Veía por mis ojos, quizás por eso fui siempre miope pero vine a usar lentes cuando finalizaba el bachillerato.
Continuará
Nací en una clínica de un campo petrolero. Fui la única esa tarde, así que cuando comencé de niña con mis extrañas preguntas, no hubo forma de que mi madre pensara que le habían cambiado el bebé en el hospital como suele decir cuando bromea.
El divorcio de mis padres cuando tenía 5 años, cambió mi mundo y mi forma de ver las cosas. Entendí así de rápido que las personas dicen amarse una mañana y que esos sentimientos cambian. Comprendí que formar una familia es más serio de lo que uno puede imaginar.
Esos primeros años fueron "interesantes" por llamarlos de alguna manera. Una casa grande, un papá que apenas recuerdo, mis hermanos, el cuarto de juegos, el jardín de infancia en el que por cierto me quedaba dormida con frecuencia.
Luego del divorcio, vinieron los cambios, muchos lugares hasta que nos estabilizamos cuando tuve 15 años. Así que viví 10 años pregúntandome cuando tendría mi propio cuarto o cuando me independizaría para buscar mi propio camino.
Conseguí amigos que conservo hasta la fecha, estudié en un colegio maravilloso y aprendí a vencer en parte mi timidez y mi casi autismo en un campo petrolero diseñado para no ver que afuera un mundo diferente existía.
Recuerdo un día cuando vivíamos en uno de los lugares que me tocó habitar con mi mamá y mis dos hermanos. Tocaron a la puerta. Era un conocido enviado por mi padre con unos regalos para nosotros. Ese día volví a recordar que tenía un papá viviendo en alguna parte. Uno de esos presentes lo recuerdo muy bien una villa fisher price como el campo petrolero en los que viví los primeros 15 años de mi vida. Todo a la vuelta de la esquina el hospital, el centro de recreación, la gasolinera, el cuerpo de bomberos y todo lo que una comunidad pudiera necesitar. Si no fuese por mis mudanzas y la angustia subrepticia de mi madre, diría que en un 100% pensaba que mi mundo era perfecto. No sabía lo que era una calle desordenada por la basura o gente pididiendo en las calles.
Un día los sacerdotes y monjas nos llevaron a un paseo por los pueblos de la zona. Sin muchas carreteras entre las casas que de por sí eran muy humildes. Poca agua, pocos enseres. Tuve muchos interrogantes en ese momento sobre mi propia realidad de casa en casa y la de estas personas alejadas del crecimiento industrial.
Veía por mis ojos, quizás por eso fui siempre miope pero vine a usar lentes cuando finalizaba el bachillerato.
Continuará
viernes 10 de agosto de 2007
Hasta Siempre Señor Juan

Lamento no haberte llevado a cuestas a ver los árboles y los pajaritos, a volar entre las nubes y escuchar la risa de tu nieto.
Te recuerdo terco, dulcero y reilón, con tu mirada ingenua y tu sonrisa bonita preguntando a cada rato ¿Dónde está mi reloj?
Quise mostrarte una Caracas distinta, la de los techos rojos con música cañonera y aunque no fue precisamente esa la que vimos de vez en cuando, al menos pudimos juntos rememorar el pasado.
Te llevaste anécdotas maravillosas de una Venezuela que fue, de la riqueza espiritual de su gente, de los musiú y todos aquellos inmigrantes que dieron color a esta tierra.
Nos dejaste con el olor a Jean Marie Farina, los cuentos de la Pastora y de tu motocicleta VESPA.
Recuerdo tu risa, tu mirada picara, tus peticiones excéntricas y hasta tu frigurt de fresa.
Me hubiese gustado tanto regalarte un pasto lleno de pájaros y arcoiris, para dejarte caminar libre, como tu querías.
Y es que Caracas amigo mio no era ese paraíso que soñaste y temí perderte entre tanta gente, edificios viejos y noches oscuras.
Por eso estuviste quieto con todos tus compañeros en aquella casa hogar esperando como tu decías por tu libertad.
Sabía que eras espíritu indomable y que no estabas a gusto con tanta quietud. No sé si hice lo justo, si tu misión terminaba allí.
Por eso hoy al ver el camposanto donde tus restos descansan en PAZ, entendí lo que me pedías. Y te sentí libre, perfumado (con tu Jean Marie Farina) dispuesto a volar, en medio de arboles frondosos y altos con el sonido de los pájaros alegres
Tu me diste más de lo que yo pude darte. Eras especial, un recuerdo vivo de una Venezuela que se ha transformado, un ser irrepetible que tocó la vida de quienes te conocimos. ¿Sabes? Me siento alguito sola sin ti, pero sé que estarás bien, dichoso de ir a donde quieras y yo sin el temor de perderte, te dejaré caminar tranquilo por ese sendero de flores y verdor, segura de que conoces los pasos, con luz, Amor, seres queridos y ángeles cuidándote alrededor.
Te recuerdo terco, dulcero y reilón, con tu mirada ingenua y tu sonrisa bonita preguntando a cada rato ¿Dónde está mi reloj?
Quise mostrarte una Caracas distinta, la de los techos rojos con música cañonera y aunque no fue precisamente esa la que vimos de vez en cuando, al menos pudimos juntos rememorar el pasado.
Te llevaste anécdotas maravillosas de una Venezuela que fue, de la riqueza espiritual de su gente, de los musiú y todos aquellos inmigrantes que dieron color a esta tierra.
Nos dejaste con el olor a Jean Marie Farina, los cuentos de la Pastora y de tu motocicleta VESPA.
Recuerdo tu risa, tu mirada picara, tus peticiones excéntricas y hasta tu frigurt de fresa.
Me hubiese gustado tanto regalarte un pasto lleno de pájaros y arcoiris, para dejarte caminar libre, como tu querías.
Y es que Caracas amigo mio no era ese paraíso que soñaste y temí perderte entre tanta gente, edificios viejos y noches oscuras.
Por eso estuviste quieto con todos tus compañeros en aquella casa hogar esperando como tu decías por tu libertad.
Sabía que eras espíritu indomable y que no estabas a gusto con tanta quietud. No sé si hice lo justo, si tu misión terminaba allí.
Por eso hoy al ver el camposanto donde tus restos descansan en PAZ, entendí lo que me pedías. Y te sentí libre, perfumado (con tu Jean Marie Farina) dispuesto a volar, en medio de arboles frondosos y altos con el sonido de los pájaros alegres
Tu me diste más de lo que yo pude darte. Eras especial, un recuerdo vivo de una Venezuela que se ha transformado, un ser irrepetible que tocó la vida de quienes te conocimos. ¿Sabes? Me siento alguito sola sin ti, pero sé que estarás bien, dichoso de ir a donde quieras y yo sin el temor de perderte, te dejaré caminar tranquilo por ese sendero de flores y verdor, segura de que conoces los pasos, con luz, Amor, seres queridos y ángeles cuidándote alrededor.
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